jueves, julio 28, 2005

Os pego el último comentario de Arcadi Espada (sí ya sé que soy un poco pesao con él, pero es una mente muy lúcida, incluso lucida) en su blog. Habla de un artículo de Oriol Bohigas, arquitecto de izquierda radical, independentista, promotor de la Barcelona del disseny, prohombre de la Gauche Divine y defensor de la quema de iglesias.


"La placidez del puntual cumplimiento de los ritos. Ayer llegó el nuevo artículo del arquitecto Oriol Bohigas sobre la degradación de la plaza Real de Barcelona. ¿Cuántos ya? Están tan enhebrados en la vida adulta de Barcelona y en mi propia (y remota) memoria de urbanita entusiasta que soy incapaz de aventurar una cifra. Pero han existido y nos han acompañado durante todos estos años. Como el artículo de Pla sobre el temporal de les faves, como el de Vicent sobre los toros. Ritos solares. Cada tanto, y en función de circunstancias que se repiten con absoluta implacabilidad, el arquitecto pide al príncipe que le limpie la plaza. En los artículos hay un elegante rasgo retórico que agrada mucho a los que han hecho de la modestia su virtud: el arquitecto nunca menciona directamente que él viva en la plaza Real. Una hermosa lucha contra el satánico yo de nuestro Donoso. Lo que cuenta en este último artículo es absolutamente verdadero. La mierda, el albañal, la miseria y otras tantas descripciones del lugar son perfectamente verdaderas. Es más, pueden extrapolarse a muchas otras zonas de la ciudad vieja y también de la nueva. Hace mucho que me quité, pero por trámites del pasado debo viajar de vez en cuando fuera de los perímetros de seguridad. La violenta concentración de vulgaridad, antihigiene y descrédito de lo público supera a muchas ciudades del Mediterráneo, también castigadas por el calor, el orín, el turista y las prematuras hojas secas, que, para mí, son, exactamente igual que una piel de plátano abierta y abandonada, la expresión máxima del desarreglo estético, perdón que me mareo. Por lo tanto apruebo con entusiasmo las descripciones del arquitecto porque, desde que tomé conciencia del lugar físico y moral donde vivía, siempre fui un encendido partidario de lo real. Ahora bien, esta vez el arquitecto gauchista e independentista, no se limita a la descripción. Ni siquiera llama al alcalde. Lo leo y me apercibo de que el buen Bohigas está llamando a la policía. A la policía, sí señor. Y, ojo, no sólo para que se lleve las pieles de plátano. Quiere fuera a la gentuza. A la gentuza, entre el coito y la defecación. A la que ha tomado el espacio público. A la que ha convertido Barcelona en una urbe seductora. En un mar de tolerancia. En sus buenos, aunque sucios, billetes. Dice Bohigas en su último párrafo: “¿Habrá que rebajarnos y reconocer que la política proclamada honestamente por las izquierdas en favor de una tolerancia democrática está siendo un fracaso y que hay que pedir prestada a la derecha intolerante unos métodos que nos dan asco, pero que, por lo visto, no sabemos sustituir por una autoridad fuerte y democrática? ¿Habrá que pedir consejo a los alcaldes de Salamanca, León o Valladolid, que, según dicen, saben mantener el orden en sus centros históricos?” Este párrafo es una biografía. Es un catálogo de impotencias. Es un informe sobre la confusión. Es una clara confesión del fracasotes un poquito miserable, también, pero sólo un poquito. No tengo tiempo esta mañana para escribir el libro que merecería. Sólo esbozar el que habría de ser uno de sus temas. Cuando la izquierda dice que es preciso mantener el equilibrio entre libertad y seguridad no sabe lo que dice. Ni ella ni nadie. Es una de esas oscuridades tan prácticas que permiten ir avanzando orgullosamente hacia la nada. Pero este tipo de análisis concretos sobre la situación concreta, estos artículos leninistas, son muy reveladores. La gauche caviar, que suma y resta, sabe que tiene pocas posibilidades de morir en un atentado terrorista. Pero le jode media hora de más en el aeropuerto. En realidad es la única media hora de terrorismo que sufre. El estado policial de Franco. Ya vemos cómo queda el equilibrio entre libertad y seguridad cuando uno de los nuestros ve afectada personalmente su seguridad, aunque sea en términos que, comparados con la amenaza terrorista, no pueden ser más que irrisorios. ¡Hasta se indigna de que los policías sean educados! Estos días magníficos en que se comprueba otra vez que las grandes verdades sólo se ven en lo infinitamente pequeño. En el periodismo. En el periodismo provincial. En el recójanme la basura del vecino con influencia. En esta frase, no la pierda nadie: “okupas sin ninguna expectativa de rehabilitación”. ¡Així Xirinacs! estoy por cantarle al rojo y buen Bohigas. Qué limpias las mañanas, qué claro luce el sol".

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