jueves, junio 24, 2004

7:50

Estoy cubierto por un manto de franela con el recuerdo aún vivo de los mejores licores servidos por manos amigas. Sigue resonando el eco de las conversaciones y de una banda-sonora-ajena-descubierta.
Y sin embargo,
el condicional no puede expresar la añoranza de esa hora partida por la mitad. La gramática, en los sueños, es insuficiente. Sorprendentemente me gustaba despertarme a las 6:50.

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